¿Juegas a algo en tu día a día? Si escuchas la expresión «recreo», ¿en qué piensas?

Realmente, es así como ocurrió. Íbamos paseando por los senderos laterales del parque . No sé si eran las gafas, que no llevaba puestas, las que acumulaban el vaho de nuestras respiraciones. El frío. Sin olor añadido. Menos dos. Sensación de menos cuatro. Aritméticamente un fracaso. Un desorden. El caos. Cómo me gusta el caos. Tan certero, sincero, amalgamado…
Alargábamos los pasitos para engañar al contador. Evitábamos los charcos sin hielo. Mirábamos como el cielo estaba barrido a patadas. Cruzamos de un parque a otro, a saltitos de botas de 10 leguas. De puntillas. Susurrábamos en diversas lenguas humanas. A sotobocce las periféricas de la Vía Láctea. Escondíamos nuestras sombras entre los zarzales y el sotobosque.
Pero, no pudimos evitar que nos siguieran. Las urracas, sonriendo, nos iban pastoreando hacia el cedro que oteaba páramos, pinos, sauces…
Me paré frente a él. Fui contando las ramas, de abajo hacia el firmamento. Sonriendo. Comiéndose un queso, sin raposa, dos enormes cuervos me sonreían. Eché la pierna izquierda hacia atrás. Agachando la mirada, con las manos en el corazón, hice la reverencia más apañada que pude.
Al mirarles de nuevo, ellos me devolvieron sus gracias. Y a más ver…
-Que estás haciendo?
-Consultaba el futuro.
-Te tocará la lotería?
Sonreí, sabiendo que los cuervos nunca soltarían prenda.
Feliz Año Nuevo.


Ongi Etorri